domingo, 16 de enero de 2011

Alteradores Capitulo I, Part II

   Todos tomaron sus respectivos palos de escobas, algunas cosas como comida, sabanas, ropa para la niña, los bolsos que traían y salieron rápidamente. Mari iba delante, observaron la puerta donde sabían que había un alterador y siguieron de largo, subieron rápido al piso ocho de donde habían sacado el perro, Vannessa llevaba al perro por la correa, iba observando el desastre en el pasillo incluso sangre, no se imagino eso así en ningún momento.

  El edificio donde vivía Vannessa era bastante grande como para tener cinco apartamentos por piso, todos con sus respectivas comodidades, dos ascensores, uno para los pisos pares y otro para los impares.

  Seguían avanzando Vannessa iba entre Cesar y Dani con el perro caminando a su lado ya iban a subir al siguiente piso pero el perro se paro mirando en dirección a su apartamento, de pronto Vannessa se paró en seco y dijo – ¿No vamos a buscar comida para el perrito? –  Mari asintió y le pidió a Cesar que entrara por comida para el perro y lo que encontrara necesario para ellos y la niña.

  Cesar era un chamo robusto tipo Johnny Bravo pero sin el copete, él fue quien abrió la puerta cuando bajaron a buscar al perro y como fue quien entro primero lo mandaron a el a buscar, la reja estaba abierta solo giro la cerradura, entro y busco rápido mientras los demás esperaban afuera, se escucharon ruidos provenientes del piso inferior.

  Vannessa estaba impaciente por subir y encerrarse, tenía miedo de estar afuera cerca de los alteradores y recordaba lo que pasaba cuando los alteradores se acercaban a las personas normales los empezaban a atacar y a morder, cuando eso pasaba ella dejaba de mirar y cuando los gritos aterradores de dolor empezaban se tapaba los oídos era terrible.

   Vannessa se asusto empezó a temblar el perro se hecho a sus pies y Mari noto el miedo de la chica, la abrazo y dijo. – Vamos Cesar apúrate –. Cesar salió enseguida. – Paso algo? –. Dani hizo un gesto de negación y subieron corriendo.

   En el piso nueve todas las rejas estaban abiertas y forzadas Vannessa vio un metal que sobre salía del bolso de Cesar, el la miro y le dijo – Si fui yo –. Y le sonrió.

   Cuando iban subiendo al piso diez todos se pusieron tensos, Mari y Cesar se pusieron delante y seguidamente venia Dani protegiendo a Vannessa, y esta llevaba al perro cuando llegaron al piso diez había una puerta muy dañada que tenía muchas cosas amontonadas delante, Mari le hizo una seña a Vannessa para que hiciera silencio el perro retrocedió con miedo y Vannessa le acaricio el hocico.

   Pasaron uno a uno despacito, llegaron al piso once, Cesar paso de primero y se paro al frente de la puerta del apartamento de sus abuelos respiro y siguieron caminando despacio.

  Dani paso delante de Cesar y se agacho en la reja, quito un candado luego se levanto en medio de la reja quito otro y más arriba uno más, abrió la reja quito el seguro multilock de la puerta y entraron rápidamente.

   Al entrar Vannessa estaba sorprendida tenían muchas cosas en esa casa, Dani la llevo a su cuarto y le dijo. – Es todo tuyo, puedes usar lo que quieras mientras estés aquí –. Vannessa solo sonrió y agradeció.

   Mari llamo a Cesar a la cocina – Cesar, hoy no nos iremos ya nos hemos llevado mucho tiempo subiendo y aparte la niña la siento un poco asustada, estaremos esta noche aquí y mañana por la mañana nos iremos, esperaremos que pase el primer tanque y apenas se valla listo nos vamos –.

  – Señora Mari usted sabe que no podría contradecirla pero me gustaría alejarme de todo lo más rápido posible –. Fue lo que respondió Cesar.

  Mari salió de la cocina y fue donde Dani y Vannessa, estos estaban jugando con las cosas de Dani. – Vannessa te quedaras aquí, si viene alguien a buscarte dejaremos en la entrada del edificio una nota donde dice en que piso estas y el numero del apartamento, también pondremos que tienes el perro del apartamento del piso ocho por si viene el dueño, solo te voy a sugerir que no vayas a salir sola allí afuera y si viene alguien no les abras si no te habla, recuerda que los alteradores no hablan solo atacan y gruñen –. Decía Mari.

– Vannessa lo importante es que no le abras la puerta a nadie ok, aun cuando sean personas pueden hacerte daño, algunas personas tienes días encerradas en sus casas y tienen hambre, pueden salir a la calle a robar y aquí estas tu sola entonces no le abras a quien no conozcas – le dijo Dani.

– Y si ¿mi hermana no viene? – Pregunto la chica. – Pues nosotros buscaremos ayuda más personas que estén sanas, por que el tanque y el camión no nos sirven, cada vez que vienen y alguien se les acerca les disparan muchas veces han sido personas con niños, si conseguimos ayuda vendremos por ti y dejaremos una nueva nota por si vienen a buscarte, Vannessa por más que quieras no puedes estar aquí sola a esperar a tu hermana por mucho tiempo. – Le explico Cesar.

   La chica se puso a llorar y Mari vio a Cesar con mala cara y le dijo – Has sido muy duro con ella – A lo que él respondió – ¿Duro? Mari ¿Cuando salga a la calle y tenga que ver a ese montón de alteradores o locos o lo que sea?, ¿cuando le pase lo que me paso a mi? eso si será duro para ella y tiene que estar preparada, Vannessa las cosas con esos demonios son muy diferentes, son muy locas te lo digo yo, que ya soy un chico grande y Mari te puede decir cómo me encontró –.


Caracas, 18 de febrero del 2012

   Yo estaba en mi cama, viendo lo poco que se podía ver en la TV, el día anterior la gente se había enloqueció en la calle en todos lodos, la poca gente que quedaba en la ciudad estaba loca y los demás estaban para la playa por el puente de carnaval, en la Televisión lo poco que decían era.

– Señores les recomendamos que no salgan de sus casas y  ahorren todas las provisiones posibles, él desde el alto mando de gobierno se ha mandado a controlar el asunto, y estos alteradores como les llaman están siendo aprendidos y serán controlados, se recomienda no acercarse a ellos ya que son muy agresivos y al parecer su consigna es no hablar ya que no gesticulan ninguna palabra. – La chica del noticiero siguió hablando y yo en ese momento me puse a pensar, ¿gente agresiva que no habla?, era una tontería quien dijo que ¿para ser agresivo se necesita hablar?, mira la TV y la periodista parecía sorprendida, y dijo – Este a sido un avance desde el hospital clínico universitario donde aun no nos informan la cantidad de heridos y muertos por los resientes disturbios de parte de los alteradores, volvemos a los estudios, Mariza León, EL OBSERVADOR –.

   Quería llamar a mis amigos pero por las lluvias del miércoles, se dañaron muchas antenas y no servían muy bien los celulares, entonces prendí mi consola y cuando me disponía a jugar entro mi abuelo pegándome un susto tremendo. – Mijo Cesar venga rápido la vieja está muy malita, venga – Mi abuela casi nunca se enfermaba era anciana pero era fuerte como un roble, me extrañe pero me levante rápido y fui a ver qué pasaba.

  Cuando entre al cuarto la luz se fue, entonces mi abuelo salió al cuarto donde guardábamos las cosas viejas, yo me acerque a mi abuela estaba muy malita, tenía mucha fiebre ardía prácticamente y tenia un color pálido. – ¿Mijo es usted?. – Me pregunto alzando un poco su mano arrugadita. – Creo que ahora si me llego, los voy a dejar solitos Cesar. – Me decía, yo trate de calmarla y le dije – Abuela todos tenemos un día malo tú no te enfermas hace mucho y siempre habrá una primera vez después de tanto tiempo no te preocupes. – Ella me interrumpió tosiendo y saco suavemente un pañito debajo de la sabana poniéndolo en su boca, cuando lo quito pude ver sangre en el pañito, ella me miro y creo que mis ojos estaban pelados la cosa era más grave de lo que pensé, mi abuela me dijo – Mijo yo se que usted ha sido el más rebelde de todos mis nietos, pero es el que mas no ha querido y acompañado a Julio y a mí. – y tosió de nuevo. – Pero si me muero quiero que sea muy feliz, yo se que su abuelo es retrechero, pero en el fondo se que él está de acuerdo con esto, porque usted se lo merece. – Y se tapo la boca con el pañito. – Quíteme esto mijo. – y me estiro la mano libre.

  En ella tenía la pulsera del amor, así le decía mi abuelo, ambos tenían una, en ella cada uno tenía la llave de una caja donde mis abuelitos guardaban sus cosas de valor y mi tesoro más preciado el arma de mi abuelo era un Magnum 44 viejísimo pero hermoso mi abuelo cuando yo estaba más chamo me ponía a recoger latas todas las semanas y los fines de semana me llevaba a dispararles pero solo me dejaba hacerlo con una carga de municiones, hasta que un día le  volé el vidrio frontal a su carro.

  Le quite la pulsera a mi abuela, ella me dijo que buscara la caja y la abriera que todo lo que estaba allí era mío, no quería aceptarlo más sabiendo que mi abuelita después se arrepentiría, de igual manera la abrí y ella me pidió que le pasara unos papeles, se los acerque mientras apreciaba el estuche con el revólver de mi abuelo, que por cierto tenia municiones como para una guerra, en la caja también habían un cofre donde tengo entendido guardaban todas sus prendas y las medallas del ejercito de mi abuelo.

  Me había atontado tanto con las cosas de la caja que no le había prestado atención a mi abuela, cuando la vi estaba firmando un papel y me decía que ese era un regalo de ella y de mi abuelo.

  En ese momento entro mi abuelo con una lamparita a gas y le dijo – Cecilia ¿qué estás haciendo? –. Mi abuela le dijo – Julio este es un regalo para Cesar yo estoy muy mal y tu también estas muy mayor ya, él es quien debe quedarse con todo, aunque yo se que tú querías ser equitativo con todos, pero hasta nuestros hijos nos han abandonado –. A lo que mi abuelo respondió vieja tú no te vas a morir, pero igual tienes razón y firmo el también.

   Yo no entendía que tanto misterio un testamento o algo así e realidad me daba risa, y lo que más gracia me daba es que mi abuelo a pesar de haber sido militar no podía decir nunca un no ante una petición de mi abuela.

   Mi abuelo me quito la caja y se apoyo para firmar en ella después la cerro, la luz empezó a parpadear advirtiendo su llegada, el me dio también su llave, diciéndome. – El amor de nosotros dos, lo hemos compartido este ultimo año contigo y no está de más que te hayas ganado nuestro cariño y confianza y también me dio su pulsera. En definitiva mis abuelos estaban miedosos de que algo les pasara y mi abuela a pesar de sus repentinos achaques aun estaba tan bien como para darme un testamento o lo que fuese eso que firmaron.

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